jueves, 12 de junio de 2008

EDUCACIÓN SUPERIOR OCCIDENTAL E INDÍGENA

Por: Asdrúbal Plaza Calvo


Hablar de la educación superior para pueblos indígenas no es fácil; no porque no existan elementos sobre la materia para la información y el debate creativo, sino por su práctica inexistencia en nuestro país, pues no existe una universidad propiamente indígena, sino unos mínimos programas relacionados con el tema y orientados por pocas universidades, algunas más con deseo que con pertinencia e identidad y en otros casos, sólo mecanismos de admisión y apoyo para facilitar el ingreso al estudio superior de concepción occidental.

Las diversas realidades en los 87 pueblos indígenas aceptados oficialmente en el censo del DANE 2005 casi siempre concluyen en una misma percepción: los estudios superiores que hay en Colombia no sirven para los intereses indígenas como pueblos, pues definitivamente no han sido creados ni pensados por y para los indígenas, es más, ni siquiera para visibilización, pues los contenidos casi nunca mencionan la existencia y realidad aborigen y no se refieren a ella más allá de la simple retórica como elemento invaluable de nuestra nacionalidad colombiana.

estas afirmaciones preliminares me llevan a reflexionar sobre qué ha sido o significado entonces para los pueblos indígenas la educación superior que se desarrolla en Colombia?. Y qué se quiere sea?

Son muchas las respuestas que atenderían estos dos interrogantes, pero quiero mencionar algunas que considero relevantes y que trataré de mencionar dentro de un contexto histórico global de la educación.

La invasión española a los territorios ancestrales no puede ser considerada como encuentro de dos culturas como algunos funcionarios, pensadores, cronistas, académicos y escritores lo sugieren, pues un encuentro de esta índole no debería producir el genocidio físico y cultural que produjo y que la humanidad ampliamente conoce y condena.

En este marco histórico-colonial, lo primero que atacan de la cultura es la lengua materna, los diversos idiomas de los pueblos indígenas entonces existentes. Recordemos que por cédula real de junio 7 de 1550 se ordena a los invasores que se imponga la lengua castellana a los nativos utilizando para ello a los evangelizadores que los acompañaron; posteriormente, otra cédula real, la de mayo 10 de 1770 prohíbe a los nativos que hablen su propio idioma, para de esta manera avanzar en su propósito de aculturación hegemónica, de sometimiento a la corona española y al cristianismo, para imponer también unos valores extraños a las culturas aborígenes.

Para los pueblos indígenas, la lengua materna no es sólo la forma de expresión oral y de comunicación con otras personas, es una parte vital de la identidad, de la autonomía; es la necesaria herramienta para la pervivencia de las culturas, de los pueblos y prohibir su uso fue empezar la liquidación culturalmente hablando, pues ya la misma enseñanza empieza a darse en una lengua extraña como lo era el castellano y por personas ajenas a los nativos.

En adelante, el sistema educativo de Colombia en los diversos niveles siempre se desarrolló en la lengua de la sociedad mayoritaria y a los pueblos nativos más aislados que aún conservaban la materna, se les ridiculizó y avergonzó de su uso hasta muchos perderla.

La lengua como instrumento de poder, ahora en castellano, empezó a cumplir su función desestructurativa y la educación sería a partir de entonces, la educación externa, ajena a los pueblos indígenas, con docentes ajenos a los intereses indígenas, con instituciones que no eran ni son en muchos casos hasta hoy, las propias.

La implementación de planes, proyectos,, programas, currículos, etc., no parten de las necesidades, prioridades y querencias de los pueblos indígenas, sino de la imposición y aculturación del poder hegemonista externo.

La educación propia que entonces se tenía es violentada y sigue el sometimiento a procesos de asimilación, a procesos integracionistas y hasta liquidacionistas. Sin embargo, no lograron romper elementos culturales básicos que hasta hoy se mantienen y que son reflejo del querer identitario de los pueblos, como son las culturas, gobiernos propios, formas organizacionales colectivas, la ritualidad aunada a la tradición oral, en fin, la cosmogonía.

En el marco republicano se acentúa la dominación externa y hasta constitucionalmente se desconoce la existencia de indígenas, pregonando que la sociedad colombiana es una sola, sin diversidad étnico cultural, cuestión que se rompe con la visibilización de la constitución en 1991, como fruto de las luchas de todos conocidas.

La educación superior hasta la fecha no contempla los espacios bilingües, los conocimientos ancestrales en los diversos niveles, sigue siendo aislada de la realidad étnicocultural de la nación, pues la existencia de unos cuantos programas en unas poquísimas universidades no pueden ser justificativas de la exclusión de los pueblos nativos.

Se diría que en algunas universidades ha hecho eco la lucha indígena y en otras ha tenido acompañamiento de sectores académicos interesados en aterrizar el alma mater a las realidades sociales, culturales y étnicas del país y ello ha permitido que ya haya cátedras de legislación indígena, de antropología jurídica, de lenguas nativas y de etnoeducación; pero si miramos con detenimiento esta situación nos daremos cuenta que eso tampoco representa un significativo avance para la educación de los pueblos. Veamos por qué.

Las cátedras relacionadas con legislación indígena parten de la socialización de normas occidentales, normas estatales que no han sido construidas por los pueblos indígenas, sino por personas ajenas que muchas veces ni siquiera conocen el entorno de los pueblos y territorios indígenas, como es el caso del congreso, o de funcionarios armados de buena voluntad pero con inmensa ignorancia de los valores culturales. En resumen, no cuenta para nada el derecho mayor o ley de origen, del que escasos académicos tienen mediana idea.

Los programas de etnoeducación, son hechos para las diversas etnias del país, es decir, no es un proyecto indígena; en otras palabras es la reproducción del sistema a menor escala, pues el estado pretende meter a todos las etnias en un mismo costal bajo la concepción cultural hegemónica y en la etnoeducación bajo un mismo sistema que por demás busca, como lo dice el decreto 804 de 1995, la integración al sistema educativo nacional, o sea, al mayoritario hegemónico. Aquí pues, no hay en la universidad una formación de educación indígena propia, lo cual sería también imposible en el actual momento, pues los docentes que atienden esos programas, generalmente no son indígenas y económicamente a las universidades y al gobierno les renta más un programa para todas las etnias, que un programa de especificidad étnica.

Regularmente cuando se le habla al gobierno del acceso de los pueblos indígenas a la educación superior, nunca piensa en términos de crear o fortalecer sus propias instituciones, sino en cómo facilitar al indígena el ingreso a través de convenios y como subsidiarlos si es del caso. No va más allá de esa mecánica.

Ahora bien, cuando los jóvenes indígenas logran ingresar a la universidad, se encuentran con situaciones muy difíciles que en varias ocasiones los ha llevado a la deserción. El nivel académico les es complicado si provienen de una formación de educación propia, fruto de las buenas experiencias que acumula el movimiento indígena, pues los saberes y valores ancestrales que se les ha inculcado no cuentan en la educación superior occidentalizada, incluso ni siquiera en el ICFES para las pruebas de estado, aunque se le reconoce que ya ha dado algunos pasos para mejorar esta situación enriqueciendo los formatos de exámenes con preguntas de contenido étnicocultural.

Pero también están los efectos posteriores a la finalización de la educación superior y es que cuando regresan a su comunidad de origen, algunos llegan desadaptados culturalmente e incluso ya tratan de ignorantes a taitas que tienen mucha claridad en cuanto a la cosmovisión de su pueblo y que son dirigentes probados en la lucha; ya creen que son de “élite” superior. En otras palabras, se causa un grave problema al interior de la comunidad con profesionales occidentalizados. En el Pueblo Misak por ejemplo, alguna vez se habló de la necesidad de reeducar a algunos profesionales. Con algunos docentes también se ha planteado esta posibilidad aunque no ha sido de muy buen recibo porque, como dije antes, ya se creen que saben mucho más que los demás y que no hay lugar a una reeducación cultural.

La educación indígena, vistos estos breves antecedentes, no puede cimentarse en saberes externos a la cosmovisión, no puede seguir como apéndice de la educación para la sociedad mayoritaria, no puede tenerse como un regalo de las universidades el que se desarrollen algunas cátedras o programas relacionados con los pueblos nativos, no se puede seguir creyendo que lo bueno del gobierno es que facilite el ingreso a carreras con orientación no indígena o por lo menos ajenas a las cosmovisiones indígenas.

Si partimos del hecho que la educación propia no es escolarizada, sino integral, desde el vientre materno hasta la muerte, mal se puede entonces pretender solucionar o concertar con el estado colombiano un manejo exclusivamente escolarizado y mucho menos, pretender liberar al estado de su responsabilidad de garantizar la educación gratuita como un derecho y no como un simple servicio, en momentos en que se ven señales inequívocas en el ministerio de educación de pretender manejar la educación indígena como un asunto de contratación, que duele decir, a muchos paisanos los ha seducido, pues hay manejos de gruesas cantidades de dinero y eso en algunos es lo importante desgraciadamente, poco pues interesa a algunos que esa sea la vía para privatizar la educación indígena y congelar los derechos de avanzar en el escalafón a docentes indígenas.

A la educación superior hay que llegar con bases firmes, con estudiantes que provengan de procesos de educación propia, para que puedan continuarlos en una universidad indígena, donde los planes, proyectos, pensum y demás, estén orientados hacia la pervivencia como pueblos indígenas y permanencia cultural por siempre.

Una auténtica educación superior indígena debe responder a las necesidades, características y prioridades de los pueblos nativos, que fortalezca la comunicación entre estudiantes y ancianos (taitas mayores) de su comunidad de origen, que vaya de la mano con la autonomía, autoridad, territorialidad, biodiversidad, formas organizacionales colectivas e identidad cultural, que no sea ajena a los procesos internos de reconstrucción social, económica, política y de recuperación cultural, que vivencie las culturas, pensamiento propio, saberes ancestrales y tradicionales, pero por sobretodo, que apunte al proyecto de vida de los pueblos nativos.

Mientras este proceso avanza en su construcción y consolidación bajo la orientación de las propias autoridades y organizaciones indígenas, se debería exigir a las universidades una real apertura de atención a los pueblos indígenas que por lo menos conlleve mínimamente los siguientes criterios y acciones:
  • Proyectar trabajos de orden comunitario que garanticen efectivamente la interculturalidad con reciprocidad.
  • Adoptar medidas que ataquen la deserción, pérdida de identidad cultural y falta de compromiso comunitario.
  • Combatir situaciones de rechazo, discriminación y desconocimiento intencional de las lenguas maternas nativas.
  • Construir espacios de educación bilingüe (con lenguas nativas).
  • Realizar un diagnóstico regional con pueblos nativos que permita una cualificación profesional acorde con las necesidades de los pueblos indígenas.
  • Que se reglamente lo atinente a las particularidades de las comunidades indígenas según lo previsto en la ley 30 de 1992.
  • Que implemente mecanismos especiales para evitar la desarticulación de los estudiantes con su comunidad de origen y con su cultura.
  • Que se fomente la investigación científica indígena con propósitos previamente concertados con las autoridades y organizaciones indígenas.
  • Que se implementen modalidades que faciliten la asistencia de los indígenas.


Este proceso tendrá mayor pertinencia y eficacia en la medida que se consulten y concerten las prioridades con las propias autoridades y organizaciones indígenas.

asplazac@hotmail.com
Bogotá D.C., junio de 2008.

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